Tema:
La conversión y el nuevo nacimiento como condición para recuperar la integridad
moral.
Competencia:
Conoce el sentido de la conversión predicada por Jesucristo y las exigencias
morales a quien cree en Él y se hace su discípulo.
Actividad:
Taller por aprendizaje cooperativo (ver preguntas al final)
Las cosas tienen que cambiar Para hablar de la «conversión» que pide Jesús, los evangelios utilizan
el verbo metanoein, que
significa cambiar de manera de «pensar» y de «actuar».
Entre los judíos se conocía muy bien el término teshubá «<conversión»), que literalmente significa «retorno»
o «vuelta», e indica la respuesta a la llamada que tantas veces habían hecho al
pueblo los profetas: <<Volved a Yahvé».
¿Qué esperaba Jesús en concreto? ¿Cómo se
imaginaba la implantación del reino de Dios? ¿Qué tenía que suceder para que,
de verdad, el reino de Dios se concretara en algo bueno para los pobres?
¿Pensaba solo en la conversión de los que le escuchaban para que Dios
transformara sus corazones y reinara en un número cada vez mayor de seguidores?
¿Buscaba sencillamente la purificación de la religión judía? ¿Pensaba en una
transformación social y política profunda en Israel, en el Imperio romano y, en
definitiva, en el mundo entero? Ciertamente, el reino de Dios no era para Jesús
algo vago o etéreo. La irrupción de Dios está pidiendo un cambio profundo. Si
anuncia el reino de Dios es para despertar esperanza y llamar a todos a cambiar
de manera de pensar y de actuar. Hay que «entrar» en el reino de Dios, dejarse transformar por su
dinámica y empezar a construir la vida tal como la quiere Dios.
Pronto comienza Jesús a hablar un lenguaje
nuevo: está llegando el «reino de Dios». No hay que seguir esperando más, hay
que acogerlo. Lo que a Juan le parecía algo todavía alejado, está ya
irrumpiendo; pronto desplegará su fuerza salvadora. Hay que proclamar a todos
esta «Buena Noticia». El pueblo se ha de convertir, pero la conversión no va a
consistir en prepararse para un juicio, como pensaba Juan, sino en «entrar» en el
«reino de Dios» y acoger su perdón salvador.
Jesús lo ofrece a todos. No solo a los
bautizados por Juan en el Jordán, también a los no bautizados. No desaparece en
Jesús la idea del juicio, pero cambia totalmente su perspectiva. Dios llega
para todos como salvador, no como juez. Pero Dios no fuerza a nadie; solo
invita. Su invitación puede ser acogida o rechazada. Cada uno decide su
destino. Unos escuchan la invitación, acogen el reino de Dios, entran en su
dinámica y se dejan transformar; otros no escuchan la buena noticia, rechazan
el reino, no entran en la dinámica de Dios y se cierran a la salvación.
Jesús ofrece el perdón gratis a quienes acogen el
reino de Dios. Para proclamar su misericordia de una manera más sensible y
concreta se dedicará a algo que Juan nunca hizo: curar enfermos que nadie
curaba; aliviar el dolor de gentes abandonadas, tocar a leprosos que nadie
tocaba, bendecir y abrazar a niños y pequeños. Todos han de sentir la cercanía salvadora
de Dios, incluso los más olvidados y
despreciados: los recaudadores, las prostitutas, los
endemoniados, los samaritanos.
Preguntas:
- Escribe las dos definiciones de conversión según los términos
Metanoein y teshubá que el texto presenta.
- ¿Qué era el reino de Dios para Jesús y qué exigencias tenía para
entrar en él?
- ¿En qué consistía la conversión para Juan y qué diferencia hay con
la conversión que proclamaba Jesús?
- ¿A quién ofrecía Jesús el reino y qué sucedía con los que no
aceptaban su invitación?
- ¿Cómo es el perdón que Jesús ofrece y en qué se diferencia con Juan
según lo que hizo?
- ¿Piensas que el mensaje de Jesús hoy después de más de 2000 años
aún tiene vigencia o era algo exclusivo para las personas de su época?
- Elige 12 términos claves del texto y construye una sopa de letras