El alpinista
Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua, inicio su travesía después de años de preparación, pero quería la gloria para el solo, por lo tanto subió sin compañeros.
Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo decidido a llegar a la cima, y oscureció. La noche cayo con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.
Subiendo por un acantilado, a sólo 100 metros de la cima, se resbalo y se desplomo por los aires... caía a una velocidad vertiginosa. Sólo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.
Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de la vida, el pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos. Sí, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.
En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedo más que gritar:
- ¡Ayúdame Dios mío!
De repente, una voz grave y profunda de los cielos le contesto:
- ¿QUE QUIERES QUE HAGA?
- Sálvame Dios mío, decía él.
- ¿REALMENTE CREES QUE TE PUEDA SALVAR?
A lo que el Alpinista respondía:
- Por supuesto, Señor.
- ENTONCES CORTA LA CUERDA QUE TE SOSTIENE.
Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más a la cuerda y reflexionó...
Cuenta el equipo de rescate que el otro día encontraron colgado a un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza con las manos a una cuerda... ¡a tan sólo dos metros del suelo!
¿Y vos? ¿Qué tan confiado estás de tu cuerda? ¿Por qué no la sueltas?
(Anónimo)
Esta reflexión nos cuestiona sobre el tema de la fe.
¿Qué es la fe?
¿Qué tanta fe tienes? ¿Te sientes muy seguro?
¿Qué tanto confías en Dios?
“Hombre de poca fe” (Mateo 14, 30)
Socializar el significado de las palabras consultadas y ampliarlos.
Hacer la diferenciación entre espiritualidad, fe y trascendencia.
Espiritualidad:
La palabra espíritu proviene de la palabra hebrea Ruah que significa aliento, respiración, viento huracanado o tormenta.
En este sentido, espíritu es entonces:
Respiración: La fuerza que nos permite respirar, oxigenarnos y vivir.
Aliento: Lo que nos impulsa a soñar, a crear, lo que nos anima a seguir adelante, lo que nos permite vivir, sentirnos y disfrutarnos como seres vivos.
Viento huracanado: pasión que arrastra, anhelo que consume, fuerza que arranca desde la raíz hasta los árboles más enraizados.
Tormenta: Fuerza incontenible que llega y cambia radicalmente todo lo que había, es lo que no deja las cosas como están, lo que renueva lo establecido.
Debemos entender el espíritu desde una dimensión holística y no dualista, es decir, desde una dimensión integral de la vida humana, pues lo espiritual no debe estar desligado de lo material ya que a través de las cosas físicas y corrientes del diario vivir es como se evidencia la presencia de lo superior, de aquello que nos sobrepasa. Vivir de acuerdo al espíritu es entender que:
- Sin espíritu no hay vida.
- Sin espíritu no hay sueños, anhelos, metas, gozo, ni felicidad.
- Sin espíritu no hay pasión no hay dinamismo, no hay transformaciones culturales.
- Sin espíritu la dimensión religiosa se hace vieja y muere, no hay creación artística ni científica.
Desde esta propuesta la espiritualidad es asumir que estamos vivos y vivir intensamente en constante búsqueda de plenitud, de cambio y de crecimiento, es buscar lo que nos hace mejores seres humanos, más personas, por eso la espiritualidad es vivir en el amor y en armonía con todas las formas de vida.
La espiritualidad como forma de vivir tiene tres dimensiones:
Dimensión personal: Una forma de vivir en relación con uno mismo.
Dimensión social y natural: Una forma de vivir.
Dimensión teológica: una forma de vivir en relación con Dios.
(Tomado de el rincón de la espiritualidad. J. Álvaro Olvera Ibarra)
Espiritualidad y religión:
Ser espiritual es poder descubrir a Dios en todas las cosas que te rodean: en la fuerza que te impulsa cada mañana para levantarte de madrugada para ir al trabajo, en el placer de ver la luz de un nuevo amanecer, en el aire que respiras en las montañas y en la vista del maravilloso paisaje; en la sonrisa de un pequeño de dos años, en sus juegos, balbuceos y hasta en su llanto; en el ánimo para caminar y montar en bicicleta dos o tres horas; en la mirada sencilla y acariciadora del campesino, el labriego o el indigente; en ese rico y sabroso chocolate de las mañanas y en el emocionante goce de una fructífera pesca.
(Nelson Enrique Vélez Correa)
La religión es un camino para vivir la espiritualidad, pero no es la espiritualidad pues ésta la sobrepasa; es la espiritualidad la que sustenta, anima y da sentido a la religión como tal. No se trata de negar o rebajar la experiencia religiosa, que es una de las más hondas experiencias humanas, pero sí de ubicarla en su contexto más sano: la espiritualidad no es la religión, sino que la religión está al servicio de la espiritualidad.
Una religión sin espiritualidad no tiene sentido, se convierte en un culto externo y vacío en una serie de ritos y palabras que se repiten sin provocar el más mínimo cambio a mejor. Ejemplos del daño que provoca una religión sin espiritualidad los podemos ver en todas las religiones y en todos los tiempos: gente dura de corazón, que se convierte en juez de los otros, que termina justificando sus exclusiones y crímenes en nombre de Dios y en su honor.
Más, así como puede haber religión sin espiritualidad, puede perfectamente haber espiritualidad sin religión, como dice el Dalai Lama:
Ritos y oración... guardan una relación directa con la fe religiosa; pero aquellas cualidades interiores [las relacionadas con el desarrollo humano y que son manifestaciones de espiritualidad] no tienen porqué guardar tal relación. No hay, pues, ninguna razón por la que un individuo no pueda desarrollarlas, incluso en un grado muy elevado, sin recurrir a sistema religioso o metafísico alguno.
Ejemplos de personas con una profundísima espiritualidad – tal como la entendemos aquí – pero vivida fuera del ámbito religioso, también hemos conocido en los últimos tiempos. Pienso en Rigoberta Menchú y su lucha por los derechos de las personas indígenas, en las mujeres que dieron su vida para lograr el derecho al voto, en los obreros de Río Blanco, en Nelson Mandela y su lucha por la libertad de los africanos.
(Tomado de el rincón de la espiritualidad. J. Álvaro Olvera Ibarra)
ACTIVIDAD DE REFLEXIÓN PERSONAL (grado 9)
¿CÓMO ETÁ MI ESPIRITUALIDAD
1. En qué momentos de tu vida has sentido más pasión?
- ¿Qué significa la espiritualidad para ti?
- ¿Cuáles actividades o experiencias personales tienen mayor significado para ti?
- ¿Quiénes son las personas que admiras por su fuerte y profunda espiritualidad? ¿Cómo manifiestan su espiritualidad?
- ¿Deseas crear una conexión espiritual más fuerte en tu vida? Escribe algo que pudieras hacer esta semana para cultivar este deseo.